No te lamentes de envejecer… es un privilegio negado a muchos.

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Pensar en la vejez nos hace temerosos, la negamos, la sufrimos, no nos permitimos gozarla como debiera ser, cada cana, cada aumento de velitas en el pastel, son el acumulativo de experiencias que, buenas o malas, todas forman parte de la vida, y eso es lo que dejamos pasar sin disfrutar, sin darnos cuenta, por preocuparnos de no envejecer.

No nos damos cuenta que ganar años es algo que a muchos se les ha negado, desperdiciamos el valor de la vida por preocupaciones banales, burdas, sin importancia, ganar años, es ganar experiencia es recordarte que sigues vivo.

Cada arruga es un recordatorio de la capacidad que témenos de sentir.

¿Te has visto al espejo cuando ríes, cuando lloras, si es que estas preocupado o sorprendido? Esas emociones básicas esbozan cierta expresión que deja lugar a una arruga, cuando tienes más edad, y la vejez te acompaña, hace que esas muecas queden en forma de arruga en el rostro, solo para darnos un recordatorio diario del paso que recorrimos todos esos años. La marca de cada arruga en el rostro, es la huella que vamos dejando en el mundo.

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Agradece cada día y más el año completado.

¿Por qué nos da miedo cumplir años? ¿Quizá por eso que escuche una vez, es un año más, o uno menos de vida? Lo cierto es que en lugar de temer debemos agradecer, a la vida, que nos permite seguir acumulando no años, sino historias.

Espero llegue el día en que todos sin excepción nos sintamos viejos arrugados y felices, y no que la oportunidad de dar el salto a un nuevo día se interrumpa por un arrebato. Pues la vida es eso que pasa mientras piensas en no envejecer.

Me gusta comparar la vida con un frasco lleno de galletas, cada una, es una emoción, un suspiro, una sonrisa, una preocupación, un momento doloroso pero necesario. Muchos, mantienen ese frasco resguardado de cualquier depredador, jamás lo abren para tomar una galleta, lo guardan arriba, en la repisa más alta y segura, pues dicen ya habrá un momento adecuado para comerlas. Pero entonces, el verdadero dueño de las galletas regresa por ellas, y se lleva el frasco completo.

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 Y tú, te quedaste sin probar una sola galleta, pudiste racionar esas galletitas, saborearlas pues cuando se te presto el frasco no se le dio restricción alguna, se te dio el poder de hacer lo que quisieras con tus galletas, pero te fuiste sin disfruta una sola galleta, te fuiste sin disfrutar un solo día de tu vida.

De ti depende si disfrutas eso que se te prestó llamado vida, o sigues sufriendo por no enorgullecerte de las canas en tu cabeza y las arrugas que acumulas en tu frente. 

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