“¡Tú me mataste!”… Con solo tres años de edad, este niño reconoció quien lo asesinó en su vida pasada.

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El tema de que hay después de la muerte es algo que genera gran polémica para quien sea al que se le pregunte, sin importar creencia, cultura o religión, hay miles de respuestas para la misma pregunta.

La reencarnación es una de ellas, se dice que una vez que el cuerpo deja el mundo terrenal, el alma viaja para apoderarse inmediatamente de otro cuerpo listo para llegar al mundo. Uno de los fundamentos de esta teoría es que jamás las almas recuerdan el viaje de la vida pasada, sin embargo la carga energética se conserva, no se tendrá contacto alguno con la vida anterior, se tendrá geografía distinta, y no se recordará el pasado, sin embargo en esta ocasión no fue así.

Esta es la historia de un pequeño de tres años criado en los límites nortes de Golán, esta zona es de serias disputas por territorio entre Siria e Israel. Pese a la edad del niño, se expresa con perfecta fluidez, tanta que cierta conducta ha dejado al pueblo petrificado.

hcha

El pequeño era comúnmente atormentado por una escalofriante visión, siempre era la misma. El niño explícitamente contaba que había una gran pelea y que alguien le partía la cabeza con un hacha, las primeras veces, los padres trataron de ignorar el relato, pero fue tal la recurrencia el realismo con que el niño lo contaba que pidieron ayuda del consejero del pueblo.

lunar

El relato causó conmoción y fue llevado a investigación más profunda. En el pueblo abundan muchas creencias religiosas, una de ellas indica que cada mancha normal, esos llamados lunares de nacimiento, expresan las circunstancias de la muerte del cuerpo pasado, es la manera en que se libera el alma antigua para recaer en el cuerpo nuevo. El niño, nació con una muy pocousual marca en la frente, misma que ha dado la razón a dichas creencias de la gente de la zona.

Con el afán de que terminara la traumática visión del niño le hicieron caso en todo y decidieron recrear la escena, los recuerdos del niño, los llevaron a una vieja aldea, y recordó con claridad el nombre de la persona que decía era su asesino.

señala

Ya en el lugar, el chiquillo de 3 años, identifico a su agresor, le llamó por su nombre y le dijo…  “Yo recuerdo cómo fue que tú me mataste, nos agarramos a golpes y tú me diste con un hacha en la cabeza”

restos

El tipo se puso pálido y nervioso pero negó todo lo que el niño afirmaba, entonces el pequeño, caminó hacia el patio de atrás y les señaló el lugar preciso en donde estarían los restos. Escarbaron y descubrieron en efecto justo  lo que decía el niño, en los restos óseos, vieron que el cráneo tenía aún la marca del golpe con el hacha justo en el lugar donde el pequeño tenía su rojo lunar de nacimiento.

Al asesino no le quedó más que aceptar su culpa.

Con esta historia que ha sido usada para estudios similares, queda un poco más claro que no todo termina con la muerte, que siempre hay algo más.

Cierto es que se rompieron algunas de las “reglas” que nombro al principio del artículo, pero fue necesario para que el calvario vivido por las visiones del pequeño pudieran delatar al culpable, la vida es el gran restaurante después de todo, Nadie se va sin pagar la cuenta

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