Cuida y quiere a tus abuelos. Ellos no estarán aquí para siempre

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Hay un problema que en lo personal me entristece bastante, y es el trato que se les da a los adultos mayores en la actualidad. Parece que hemos perdido todo respeto por ellos, se les maltrata, se les denigra, se les abandona, se les humilla e incluso se les violenta, en muchos lamentables casos hasta la muerte. Hace una semana leí en las noticias del periódico local de mi ciudad que un par de hermanos (hermana y hermano, de 18 y 17 años respectivamente), le propinaron una brutal golpiza a su abuelo solamente porque no les quiso regalar una camioneta que este ya le había prometido a uno de sus tíos. El pobre señor murió dos días después en el hospital a causa de los infames golpes. Y yo me pregunto, ¿hasta dónde hemos llegado como sociedad para tolerar tal abuso a nuestros adultos mayores?

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Antiguamente, en las civilizaciones que nos precedieron, la figura del anciano era no sólo respetada, sino venerada y seguida como un faro que iluminaba a la sociedad con su sabiduría y que en sus enseñanzas transmitía todo un bagaje milenario de conocimientos que pasaban de generación en generación. Todavía algunas culturas, como en Oriente, o comunidades indígenas de nuestra América, conservan esta veneración por el anciano. Sin embargo, en nuestra cultura occidental, se ha perdido todo esto. El anciano se ha vuelto un estorbo, es algo que incomoda, algo de lo que nadie se quiere encargar, de lo que todos en la familia se quieren deshacer.

Y estoy hablando del abuelo y de la abuela. Esos abuelos que las familias abandonan en sus casas solitarias y que ya nadie los visita o que los dejan en un asilo olvidados porque están muy ocupados con sus vidas modernas y agitadas. Generalmente, cuando abandonamos a nuestros adultos mayores a su suerte, estos suelen caer en una profunda depresión, que cada vez se va haciendo más y más exacerbada, hasta que va mermando con ellos físicamente. Dicho de otro modo y directamente, a nuestros abuelos abandonados los mata la soledad.

Por eso, si tú tienes la fortuna de tener todavía vivos a tus abuelos, no te olvides de ellos, por favor, diles cuánto los quieres. Visítalos frecuentemente, hazles saber que los recuerdas y que los aprecias. No te cuesta nada al menos ir una vez a la semana a visitarlos, llevarles un pequeño obsequio, algún postre que a ellos les guste, un detalle que les diga cuánto los amas. Y, sobre todo, aprende de ellos, porque tus abuelos son una fuente inagotable de sabiduría. Ellos han vivido bastante y han tenido experiencias como no te imaginas. Mis amigos no me creían cuando les conté lo buen confidente que se volvió mi abuelo cuando, hace ya varios años, tuve problemas con mi chica. Y es que mi abuelo, tu abuelo, mi abuela, tu abuela, alguna vez fueron jóvenes como tú y como yo, y, aunque es cierto que los tiempos han cambiado, hay cosas que siempre permanecerán igual, problemas que nunca cambiarán, y en eso nuestros abuelos siempre serán de una ayuda invaluable.

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Por eso ama, cuida, respeta y apapacha mucho a tus abuelos. Es el consejo que te puede dar alguien que los aprovecha al máximo.