Este cuento corto te enseñará a pensar antes de criticar

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La crítica negativa siempre está de más y nunca sirve para algún propósito bueno. Alphonse de Lamartine, historiador, político y poeta francés, dijo alguna vez que la crítica es la fuerza del impotente. Se refería, desde luego, a la crítica negativa.

Hay una clase de crítica, la que suele llamarse “crítica constructiva”, que siempre es bienvenida y nos nutre cuando se aplica con tacto, con buenas intenciones y en el momento preciso, pero la crítica negativa nunca será buena, porque sólo envilece las relaciones humanas.

Sigamos la enseñanza de la Madre Teresa de Calcuta, quien dijo algo muy cierto: “aquel que dedica su tiempo a mejorarse a sí mismo, no tiene tiempo para criticar a los demás”.

Antes de criticar a alguien, ten en cuenta estos tres puntos:

  1. El tiempo que gastas en criticar, lo desperdicias, pues podrías invertirlo en ti mismo.
  2. Muy probablemente las cosas que criticas en alguien son carencias que tú tienes.
  3. A veces, cuando criticas, piensas que estás haciendo un bien cuando en realidad sólo estás dañando a la persona criticada.

Lee con atención el siguiente cuento y extrae tu propia moraleja al respecto. Comparte tus conclusiones con tus amig@s en Facebook:

Cuento del oasis

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se encuentra descansando:

— ¿Qué clase de personas viven aquí?

El anciano le pregunta:

— ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?
— Un montón de gente egoísta y mal intencionada. Estoy encantado de haberme ido de allí — replicó el joven.

— Lo mismo habrá de encontrar aquí, — respondió el anciano.

Ese mismo día otro joven se acercó a beber agua al oasis y viendo al anciano preguntó:

— ¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El anciano respondió con la misma pregunta:

— ¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?
— Un magnifico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado.
— Lo mismo encontrarás aquí, — respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al anciano:

— ¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

Entonces el anciano contestó:

— Cada uno de nosotros sólo puede ver lo que lleva en su corazón. Aquel que no encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa ni aquí ni en ninguna parte.