Tres fábulas de Esopo con buenas moralejas para los tiempos modernos

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Parece increíble la vigencia que suelen tener los escritores antiguos en nuestros agitados tiempos. Tomemos como referencia la Antigua Grecia, en la que las circunstancias políticas, económicas, culturales y sociales eran definitivamente distintas. ¡Qué vigentes son los antiguos griegos hoy día!

Aun con todo y esas diferencias, la literatura de la Antigua Grecia parece dar cuenta de que la humanidad es una misma aunque pasen cientos de años, y sus problemas no cambian a lo largo de los siglos, pues les siguen preocupando las mismas cosas.

Para muestra, un botón, y me refiero las populares fábulas de Esopo, el escritor del que se conocen pocos datos de su biografía pero que en la Grecia Clásica, tiempo después de su muerte, gozó de mucha popularidad.

Sus famosas fábulas eran pequeños relatos que siempre incluían una moraleja, es decir, una enseñanza útil.

Aquí te dejamos tres fábulas que seguramente te pueden ser de utilidad para tu vida cotidiana:

EL AVARO Y EL ORO

Esopo

Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio.

Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela.

El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y jalándose sus cabellos se lamentaba amargamente.

Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole:

-Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo que aquello sea o no sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.

“Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparentan”.

EL HOMBRE QUE TENÍA DOS ESPOSAS
Esopo

En épocas antiguas, cuando se permitía a los hombres tener muchas mujeres, hubo un hombre de mediana edad que tenía dos esposas; una de ellas era joven, y la otra era una mujer vieja. Las dos lo querían mucho y cada una de ellas deseaba que el hombre fuera como ellas.

Ahora bien, el cabello del hombre empezaba a encanecer, lo cual no gustaba a la joven, porque lo hacía demasiado viejo para ella. Por ello, todas las noches solía peinarlo y aprovechaba para arrancarle todos los cabellos blancos que veía.

Por su parte, la vieja veía complacida cómo el cabello de su marido iba encaneciendo, ya que a ella no le gustaba que la tomasen como su madre. Por ello, todas las noches, con excusa de arreglarle el pelo, le arrancaba cuanto cabello negro veía.

La consecuencia de todo esto fue que en poco tiempo este hombre quedó con la cabeza monda y lironda.

“Si quieres complacer a todos, no complacerás a nadie”

EL LEÓN Y EL MOSQUITO LUCHADOR
Esopo

Un mosquito se acercó a un león y le dijo:

-No te temo; además, no eres más fuerte que yo. Si crees lo contrario, demuéstramelo. ¿Qué arañas con tus garras y muerdes con tus dientes? ¡Eso también lo hace una mujer defendiéndose de un ladrón! Yo soy más fuerte que tú, y si quieres ahora mismo te desafío a combate.

Y haciendo sonar su zumbido, cayó el mosquito sobre el león, picándolo repetidamente alrededor de la nariz, donde no tiene pelo.

El león empezó a arañarse con sus propias garras, hasta que renunció al combate. El mosquito victorioso hizo sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta alegría, fue a enredarse en una tela de araña.

Al tiempo que era devorado por la araña, se lamentaba de que él, que luchaba contra los más poderosos venciéndolos, fuese a perecer a manos de un insignificante animal, la araña.

“No importa cuán grandes sean tus éxitos, cuida que la dicha no lo arruine todo”.