Esta fábula te hará reír y ahora te la pensarás dos veces antes de ayudar a un amigo

0
649

No hay duda de que un deber moral de los amigos es estar ahí cuando más se necesitan. Así que, cuando ves a algún amigo en apuros, sientes la obligación de ayudarle, pues, ¿para eso están los cuates, o no? Eso, al menos, era lo que pensaba yo.

Sí, eso creía, hasta que leí esta fábula. Y es que, aunque no lo creas, a veces es mejor pensársela dos veces antes de ir corriendo a socorrer a tu amigo. No digo que deba ser así en todas las ocasiones, pero muchas veces sí tendrás que preguntarte: ¿vale la pena darle mi mano?

Yo sólo te estoy diciendo que debes ser prudente y valorar todas las consecuencias que tendrá el acto de solidarizarte con tu cuate. ¿Asumirás los riesgos?

Piénsalo bien, no sea que tu caso se parezca al de esta historia:

Un rico hacendado coleccionaba caballos y sólo le faltaba uno de determinada raza.

Un día se dio cuenta que su vecino tenía éste determinado caballo, así que trató día tras día de convencerlo de que se lo vendiera hasta que por fin lo consiguió.

Un mes después de que hiciera la compra, el caballo enfermó y llamó al veterinario, quien le dijo: “su caballo tiene un virus y es necesario que tome este medicamento por tres días consecutivos, luego de ese tiempo veremos si ha mejorado, si no lo ha hecho entonces no queda más remedio que sacrificarlo”. Un cerdito escuchaba la conversación.

Al día siguiente después de que el veterinario le dio el medicamento al caballo y se fue, el cerdito se acercó a él y le dijo “¡fuerza, amigo! ¡levántate de ahí si no vas a ser sacrificado!”.

Al otro día, luego de que el veterinario le dio el medicamento al caballo y se fue, el cerdito nuevamente se acercó a éste y le dijo: “¡vamos, mi gran amigo! ¡levántate, si no vas a morir!, ¡vamos, anímate, yo te ayudo!”.

Al tercer día, el caballo recibió su medicamento y el veterinario al no ver gran mejoría en él, le dijo al hacendado “probablemente vamos a tener que sacrificarlo mañana porque puede contagiarles el virus a los demás caballos”.

Cuando los dos hombres se fueron, el cerdito se acercó al caballo y le dijo “¡vamos amigo es ahora o nunca!, ya no queda más tiempo, ¡ánimo!, ¡fuerza!, yo te ayudo… vamos… uno, dos, tres… despacio… ya casi… eso es… eso es…  ahora corre despacio… más rápido… fantástico… ¡lo lograste, amigo! ¡corre! ¡corre! ¡venciste campeón! ¡¡¡Bravoooo!!!

En eso regresa el hacendado dispuesto a sacrificar al caballo y lo ve corriendo y dice “¡milagro, milagro…! el caballo mejoró… ¡hay que hacer una fiesta!… ¡vamos a matar a este cerdito para festejarlo!

LA MORALEJA ES QUE NO HAY QUE AYUDAR A OTROS SIN MEDIR LAS CONSECUENCIAS DE NUESTRAS ACCIONES, SOBRE TODO CUANDO ÉSTAS NOS AFECTAN DIRECTAMENTE.